miércoles, 20 de noviembre de 2013

Lola. Capítulo 7.

Lola miraba fijamente el asiento vacío a su lado mientras una lágrima luchaba por correr hacia el suelo...

Ya habían pasado 8 meses desde el accidente, pero nadie se atrevía a dejar tan siquiera un libro en la mesa que siempre ocupaba Mireia, pasaban por su lado y lo miraban, como Lola estaba haciendo ahora, algunos lloraban, otros simplemente agachaban la cabeza.

Durante tres años, ella había sido su mejor amiga, su confidente, el mejor baúl donde meter casi todos tus secretos sin necesidad de echar la llave y Gabriel...ya no parecía el mismo, ya no quedaba nada de aquel torrente de alegría que cada mañana se ponía a pitar como un loco bajo su ventana para meterles prisa, porque desde que Mireia se fue, se llevó con ella todo lo bueno de él.
Cada mañana la esperaba en el portal, con el motor en marcha pero en silencio, como si tuviera miedo de traicionarla si repetía todo aquello que la hacía reír y sin mediar palabra, acompañaba a Lola hasta su clase, le abría la puerta, beso en la mejilla y un "Nos vemos a las 2". Así durante 8 eternos meses, en los que Lola siguió guardando aquella carta, arrugada ya de tanto leerla cada noche.

-Esta tarde me traen el pack de dvd's de los que te hablé- Lola levantó la vista del plato y le miró con esa cara de ¿Me estás hablando a mi? que tanta gracia le hacía siempre a Gabriel. -Vaya...hacía mucho que no me mirabas así...supongo que hacía mucho que no hablábamos, simplemente...- bajó la mirada y se secó los ojos antes de seguir preguntándole -¿Vienes esta tarde y me ayudas a buscarles un sitio?-

Hacía tanto que no entraba en aquella casa, que un escalofrío le recorrió la espalda, podía ser la emoción de estar sola con él o...que cada rincón de aquella casa parecía gritar que Mireia iba a entrar por la puerta dando saltos por el frío de un momento a otro.
El piso de Gabriel era muy pequeño, un saloncito con un sofá y sobre él, la manta de Mire, doblada sobre el respaldo, delante una mesa camilla llena de las revistas de decoración que ella coleccionaba y sobre la vieja tele, una estantería con fotos de los dos. 
-No me atrevo a tirar nada, creo que si una sola de sus cosas sale de la casa, se irá con ellas...- Abrazó a Lola y se puso a llorar y la abrazaba tan fuerte que le dolía o tal vez no eran sus brazos, sino el sentimiento de culpa que la llenaba al pensar en como sería sentir su cuerpo aún más cerca. 
-¿Quieres un café?- y se alejó sin dejarla responder hasta la cocina, Lola se sentó en el otro lado del sofá, no podía soportar tener cerca las cosas de Mire, la culpa podía con ella.
Gabriel salió 10 minutos más tarde cargado de galletas, una cafetera, un bote de leche, azúcar, sacarina...media cocina en una bandeja, sonriendo con cara de "No me mires así" -No se como te gusta el café...¡así que..!-
Pasaron horas hablando de sus vidas, de como eran de pequeños, a que les gustaba jugar, que programas veían en la tele y como no...de Mireia...le enseñó todas las fotos que le había hecho, en pocas salía él y cuando lo hacía, tenía esa cara de profunda adoración que Lola tanto envidiaba cada vez que los veía juntos...y se volvió a sentir culpable porque ansiaba ser como ella. 

Pero ella ya no existía.

-Gabriel...¿han averiguado que pasó?- y en cuanto pronunció la última palabra, se arrepintió de ello -Perdona...yo...no debí decirte eso...-
-No, tranquila, mi psicóloga dice que debo hablarlo- suspiró y se quedó mirando al suelo antes de seguir hablando -No lo sabe casi nadie, creo que además de su familia, vas a ser la primera en saberlo...la policía lo investigó.-

Lola se atragantó con la galleta al oír aquello.

-Pero...si dijiste que fue un accidente...¿La policía?-
-Mireia iba de camino a la masía de sus padres, eso ya lo sabes, se conocía aquella carretera desde adolescente, cuando le compraron la primera moto sus hermanos, por eso ninguno entendimos como se pudo salir en la curva...- los ojos de Gabriel se volvían a humedecer y Lola se aguantaba las ganas de abrazarlo -Cuando nos llamaron, sus padres le contaron a la policía todas las veces que ella pasaba por allí, que nunca corría ¡si era la cosa más lenta al volante que he conocido! y yo...yo solo lloraba con su chaqueta en la cara...me aferraba a ella porque no quería olvidar su olor, temía soltarla y afrontar que ya no estaba- había cogido la manta y la estrechaba -Dos días después, volvieron a llamar para interrogarme...¿Recuerdas los días que falté a clase?  Ni te llamé para darte un explicación, no quería que pensaras cosas raras...-

-¿Qué dices? No entiendo porqué...- antes de que Lola pudiera seguir hablando, Gabriel tomó aire y retomó su charla.
-Le hicieron la autopsia...sólo pensar que la abrieron...¡Joder! y descartaron que hubiera bebido o que hubiera tomado drogas ¡cómo pudieron pensar eso de ella! mi niña...mi vida...- volvió a suspirar mientras intentaba dejar de llorar, mirando a Lola que ya era un mar de lágrimas -Los padres de Mire le contaron a la policía que esa mañana nos habían escuchado discutir mientras ella les decía por teléfono que esa noche iba a la masía, la verdad es que los dos perdimos los papeles...yo no quería que fuera sola de noche, ella me decía que lo había hecho mil veces...y una cosa llevó a la otra. Entre gritos les colgó el teléfono y seguimos discutiendo-

Lola recordaba ese día, nadie puede olvidar la última vez que vio a su mejor amiga...
¿No?
Esa mañana, Mireia le contaba entusiasmada que la perra de sus padres había dado a luz en la masía a 5 cachorros y que sí o sí, uno era para Lola, así que se iba a escapar esa noche a recogerlo, porque todas vecinas estaban como locas eligiendo el suyo. 
-Voy a ver como se lo digo a Gabriel...hoy es nuestro aniversario y no le va a hacer ni puta gracia que me escape...¡pero nos quedan tantos!- recordó que le brillaban los ojos, que no paraba de dar saltitos, como hacía siempre que estaba contenta y ella pensaba, que en su lugar jamás dejaría solo a Gabriel.

-Después de descartar que hubiera alguna sustancia que provocara que perdiera el control, se centraron en el coche...y...se dieron cuenta de que el latiguillo trasero estaba cortado, un pequeño corte por el que iba perdiendo líquido...Mireia no pudo darse cuenta porque el corte estaba en el lado derecho y allí es más difícil de encontrar...tras horas de viaje, el corte era un poco más grande y la pérdida también...al llegar al puerto de montaña y empezar a bajar, perdió el control del coche y se salió de la curva. La policía pensó que...-
-Habías sido tú...- Lola le miraba fijamente, pero Gabriel escondía la cara entre las manos, como si se avergonzara de contarle todo aquello.
-Sí...yo...y en parte creo que fui yo, porque debí haberme ido con ella-
-Fue un accidente, no te culpes...-
-Lola, no lo fue...el corte era de una navaja...-
-Y tú las coleccionas...- pensó Lola.
-La cosa no fue más lejos...los padres de Mireia me defendieron, les contaron que yo era incapaz de hacerle daño, que la adoraba, no veía más allá de ella, que no le hubiera puesto la mano encima...y se abandonó la investigación, en parte porque no encontraron nada contra mi y por sus padres, que solo quisieron que les devolvieran a su niña.

La incineraron y esparcieron las cenizas en la masía.

Ahora ni siquiera tengo donde ir a llorar por ella.

Por eso no he tocado ni una de sus cosas...hay un secador suyo en el baño...su manta sobre el sofá...su pijama debajo de la almohada...-

Lola ya no podía más y le abrazó, notando de nuevo como cada poro de su piel se llenaba del alma de Gabriel ¿podía enamorarse más de él? y mientras él se desgarraba, ella se moría porque al separarse sus bocas casi rozaban.










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